Existen tantos colectivos en nuestra sociedad como aspectos de la vida personal de cada cual. Todos pertenecemos a varios de estos colectivos, por nuestras circunstancias personales. Los colectivos nos agrupan, ya sea por profesión, raza, nacionalidad, idioma, tendencia sexual o creencias religiosas. Lo terrible es que algunos de estos colectivos sean discriminados del resto de la sociedad en la que viven.
Es lo que ocurre con minorías como los homosexuales y lesbianas, ciertas razas en ciertos países, los grupos de inmigrantes o los minusválidos. También ocurre con algunas comunidades de creyentes de diversas religiones. Todos esos colectivos y algunos más, encuentran dificultades para convivir con normalidad e integración, en muchos lugares del mundo.
¿Cómo combatir las diferencias que discriminan? La respuesta está en cada uno de nosotros. Cada persona, sean cuales sean sus circunstancias, debería hacer valer sus derechos sin utilizar la imposición al otro, la violencia o el rencor. Demostrar que todos llevamos dentro la semilla de seres completos, únicos, seguros y maravillosos, es la manera de demostrar que los prejuicios son solo eso: suposiciones para odiar, separar y discriminar.
Si lo que queremos es vivir tal como somos, pero integrados en la sociedad en que nacimos, el rechazo a quien pueda rechazarnos no engendra más que nuevos guetos.

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