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Fobia y miedo, mucho en común

La palabra "fobia" significa en latín "pánico". El odio enmascara ese miedo.

Por

Rechazo fobias

Rechazo

© Olga Berrios (http://www.labroma.org)"

Todo lo que sucede en nuestras vidas nos condiciona. Desde que somos niños, o niñas, los hechos, las palabras, van moldeando nuestra personalidad. Incluso lo que parece más pasajero o menos importante deja su impronta en nosotros. Creemos que hay cosas que no permitimos que nos afecten pero, ¿es eso cierto?

Con las emociones negativas pueden pasar dos cosas: que las neguemos, creyendo así librarnos de ellas, o que las enfrentemos, reconociendo que las sentimos, y aprendamos a diluirlas, sin hacer caso de lo que nos impulsan a sentir o hacer. En el segundo caso, se aprende a convertirlas en emociones positivas.

¿Qué son las emociones negativas?

Pese a su nombre, no son algo que debamos reprimir o evitar. De hecho, reprimirlas es lo peor que podemos hacer, porque no podemos evitarlas. Son emociones, al igual que las positivas, y forman parte de nuestra condición humana. Las llamamos ira, odio, envidia, rencor, culpa, abatimiento…La lista es interminable, pero casi todas tienen los dos mismos componentes: el dolor y el miedo.

Cuando algunas personas dicen que odian, lo que sienten en realidad es miedo. Miedo a lo que desconocen, miedo a que cambie su entorno, miedo a que les haga perder algo. Por ejemplo, emociones como las que provocan la homofobia, el racismo, la xenofobia (hostilidad a los extranjeros) o el fanatismo religioso. Todas esas personas que concentran su rechazo hacia un colectivo de otras personas a las que creen diferentes o inferiores, sienten miedo.

Pero también el sentido de formar parte de un grupo o colectivo socialmente “marginado” – por ejemplo, algunos homosexuales- crea una conciencia de “ser distinto”, de tener que defenderse y defender al grupo, que no contribuye a la integración. La diferencia no debería ser tratada como proscrita por ningún “bando”. Si se actúa contra la homofobia, debe ser con ánimo de integrar y no de formar parte de distinciones de ningún tipo.

El homófobo no sabe nada de la homosexualidad, y la teme. Le han contado una serie de tabús, exageraciones y tópicos que ha creído y ha convertido en su argumentación, pero nunca se ha acercado a la verdad. Si nos fijamos, todo odio o rechazo implica miedo. Y, para no sentir ese miedo, tomamos partido frente al otro, nos creemos más fuertes o mejores haciendo grupo con otros que sienten el mismo miedo, y nos ponemos a la defensiva, a veces atacando. Eso hacen los homófobos, eso hacen los que repudian a otras razas, eso hacen quienes creen odiar a otras personas.

Si enfrentamos el miedo, las emociones negativas violentas pierden su sentido de ser. ¿Qué me ha hecho un homosexual, una persona de otra raza o nacionalidad, para que le mire mal?, nada, pero si hago caso de mis prejuicios, de lo mal que me han hablado de quienes son como esa persona, sentiré miedo y el miedo genera rechazo. Si pierdo el miedo a conocerles, veré si, simplemente son buenas o malas personas, al margen del color de su piel o a quien prefieran para irse a la cama.

Vivir sin miedo, vivir sin ira

Estarán de acuerdo en que es mucho mejor vivir sin ira y sin miedo hacia nada. Esto no es posible mientras, unos y otros, mantengamos prejuicios y tabúes. Es por eso que debemos entender a nuestras emociones negativas, saber que están ahí para alertarnos de que hemos de cambiar de modo de pensar o ver las cosas, y trabajar en convertirlas en positivas.

Mejor que preguntarse “¿porqué tengo rechazo o rabia hacia tal cosa?” es preguntarse “¿para qué me sirve el rechazo o la rabia?”. De ese modo, se ve el trasfondo real, que no es otro que el miedo del que venimos hablando. Ni la ira, ni el rechazo, ni el miedo sirven para nada más que para esclavizarnos. ¿Quién quiere vivir esclavo de sus emociones?

El miedo es duda, y la duda se despeja aprendiendo. Por ejemplo, sabemos que las drogas provocan adicción y que la adicción trae autodestrucción, enfermedad y muerte. Ese conocimiento es suficiente para alejarnos de las drogas, actuando con inteligencia.

Una persona que rechace a los gay o las lesbianas, solo perderá su miedo y su rechazo cuando vea y entienda que son personas idénticas a ella, que no pretenden cambiar nada en la vida de los demás, ni tener más privilegios y que solo quieren vivir como son. Eso solo lo comprenderá cuando no existan clóset, barrera ni gueto que nos separe a heteros y homosexuales. Y puede darse, si todos convivimos con respeto y normalidad, sin magnificar ni despreciar nuestra condición sexual, ni ningún otro aspecto emocional de nuestra vida.

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