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Ser lesbiana o el lesbian chic

La influencia de la moda puede convertir en tendencia ser lesbiana.

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Lesbianas de moda

Lesbianas de moda

BookeIÄ - Free Cultural Licence - CC Flicks

Sentirse lesbiana conlleva sus problemas, como vamos viendo en otros artículos. Las mujeres que aman a otras mujeres se han topado con numerosas barreras sociales y aún están en la tesitura de reivindicar muchos de sus derechos. Sin embargo, la mayor aceptación social y el camino de la inclusión han atraído hacia el lesbianismo miradas curiosas, entre ellas las de las modas ¿Existe un lesbianismo estético, ideado artificialmente para llamar la atención, crear tendencia, fomentar cierto morbo en relación con la orientación sexual de ciertas personalidades?

El “lesbian chic”

La orientación sexual de algunas famosas fue un secreto a voces hasta que ellas mismas decidieron salir del clóset. En la mayoría de los casos, el temido perjuicio en sus carreras o rechazo hacia su declarada orientación sexual no se produjo, pero sí una curiosidad por ese mundo particular de las lesbianas, por parte de hasta la entonces súper heterosexual vanguardia de la moda. ¿Existía una tendencia a seguir por las lesbianas?, ¿podía explotarse comercialmente?, ¿tendría mercado, incluso entre las mujeres heterosexuales?

En los comienzos de siglo, vimos como muchas actrices o cantantes dejaban ir solapadas declaraciones sobre su posible relación con otras mujeres, o sus escarceos con el lesbianismo. De forma ambigua, se daba a entender que, nombres femeninos de máxima actualidad, estaban implicados en relaciones lésbicas, o no osaban descubrir su homosexualidad por un hipotético temor a las consecuencias de la homofobia. Desde la propia Madonna a otros nombres célebres de la farándula como Britney Spears, Christina Aguilera, Lindsay Lohan, Pink, Drew Barrymore, Angelina Jolie, Paris Hilton, Kate Moss o Gwyneth Paltrow, dieron qué hablar sobre una supuesta tendencia lesbiana. Lo que se consiguió es el consecuente revuelo sobre esas artistas o famosas, y que se hicieran, por un tiempo, más populares. En muchos de los casos, en eso quedó su presupuesta homosexualidad, y no volvió a relacionárselas con ninguna pareja femenina. ¿Victimas o explotación de una moda?

Ser “lesbian chic” tenía por entonces y mantiene aún un potencial atractivo para muchas jóvenes. Determinados peinados, manera de vestir, estilo corporal, determinan un modo de vida digno de ser fotografiado, mostrado o puesto en las pasarelas. La lesbiana elegante vende: es famosa, independiente, fuerte, atrevida, rompedora. Pero, ¿y si no es lesbiana?; eso parece importar menos que el aparentar serlo, en el mundo de la imagen y la popularidad.

Ser lesbiana o moda lesbiana

La polémica está servida. Mientras algunas asociaciones de mujeres lesbianas o LGBT se sentían halagadas por poder anotar entre sus filas a nombres tan populares, aunque fuera de forma ambigua y eventual, otras asociaciones o grupos de lesbianas denunciaban que esa falsa visibilidad para el colectivo le perjudicaba más que ayudarle.

La moda lesbiana atrajo a muchas chicas heterosexuales a los bares y locales frecuentados por lesbianas. La mayoría, jovencitas recién salidas de la adolescencia o apenas superándola, eran las típicas curiosas despistadas que querían “probarlo todo”, conocer ese misterioso mundillo de “las otras mujeres” y las relaciones liberales. El resultado, previsible para la mayoría, es que después de las primeras experiencias se decidían por su orientación sexual hetero y dejaban los flirteos con otras mujeres y un montón de corazones rotos, o añadían mayor confusión a sus jóvenes ánimos. Si no se es homosexual, si es algo genético, ¿se puede mantener una homosexualidad auto impuesta? La lógica dice que no, y que la que se enamora antes de una mujer que de un hombre es la que es lesbiana, sencillamente. Lo demás, puede ser una pose muy estética, floritura morbosa que puede servir incluso de reclamo para algunos hombres hacia ese tipo de mujer andrógina, pero nada más.

Ser lesbiana es algo más duradero e inevitable, como el color del pelo aunque pueda teñirse de por vida, o el de los ojos aunque se prefiera utilizar lentillas de otro tono. Por desgracia, la auténtica lesbiana no mantiene una vida fashion, rodeada de un misterio atrayente y unas relaciones fascinantes. Para ser ella misma, tiene que aceptarse y hacerse aceptar en ámbitos en los que puede no ser bienvenida. Tiene que reivindicar una serie de derechos a los que otras personas tienen acceso directo por ser heterosexuales. Tiene que organizar su vida en torno a distintas expectativas impuestas por leyes o el propio ámbito en el que vive.

El apoyo a esas causas, no va en función de la orientación sexual de unas cuantas famosas, sino de lo que realmente quiera aportar la gente popular, para normalizar y colaborar en la inclusión e integración de los y las homosexuales al conjunto social.

No importa si rostros populares, nombres respetados o personalidades admiradas son lesbianas o no, importa que se apoye a ese colectivo como personas a tener en cuenta o se pretenda marginarles, incluso estereotiparles. Eso también es crear tendencia, en positivo o en negativo.

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