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El problema de los celos

Los celos en la pareja y sus complicaciones,¿son distintos entre lesbianas?

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Terceras personas entre la pareja

Terceras personas entre la pareja

© Olga Berrios Photostream

En la pareja no todo es siempre pasión con confianza. Uno de los principales generadores de conflictos, entre parejas de todo tipo y orientación sexual, son los celos. No solo generan emociones tan negativas como la desconfianza, la ira o el instinto exacerbado de posesión, sino que muchas veces acaban lamentablemente provocando la violencia.

Celos entre chicas

Hay quien opina que los celos son distintos entre las lesbianas o entre hombres homosexuales que entre una pareja hetero. Eso no es exactamente así; los celos son una emoción compuesta de otras emociones, como hemos dicho, que afecta con componentes comunes a todas las personas, sea cual sea su sexo o género. Otra cosa muy distinta es el modo que utilice cada persona para expresar o enfocar el problema.

En estudios psicológicos de respuesta ante estímulos que provocan celos, se comprobó que las personas muy celosas actúan de modo muy similar, sin importar que sean hombres o mujeres, ni su orientación sexual. Incluso, personas bisexuales confesaron haber sentido el mismo malestar por los celos, fuesen por parejas de su mismo sexo o del opuesto. De eso se concluye que, los celos, están determinados por pensamientos y actitudes mentales que nada tienen que ver ni con el género o sexo de quien los padece, ni con el del objetivo de esos celos.

¿Qué son los celos?

Los celos son, ante todo, una falta de seguridad ante una misma que hace sentir miedos, ficticios o no, a perder aquello que más se quiere. Los celos no están en los genes, ni provienen del origen o contexto en el que alguien se educa: los celos son una construcción mental alterada, transitoria o no. Son causa de lo que pensamos, no de cómo somos.

En el caso de la pareja, es natural temer que se fije en alguien que le parezca más atractiva, que otra persona intente aproximarse a ella para seducirle, o que por alguna razón deje de querernos. Lo que hemos de razonar es que, en ninguno de los tres casos, somos responsables de eso ni podemos evitarlo temiendo y sintiendo celos.

Que el compañero o la compañera sentimental busquen otras relaciones fuera de la pareja, que puedan ser objeto del deseo de otras personas o que dejen de sentir el mismo amor que antes o de la misma forma, son cosas fuera de nuestro control. Estar continuamente pendientes de ser su centro de atención, intentando ver signos de que su amor flaquea o de que ya no demuestran el mismo interés, puede llevar a la obsesión y a los celos enfermizos.

Si una persona posee una buena autoestima, no sentirá celos de ese tipo, ya que se sabe capaz de sentir y expresar su amor y de recibirlo de su pareja. La confianza en el ser amado es parte del amor sano; si la desconfianza se instala, sin motivos concretos, es hora de pensar que algo falla en uno o una mismos, quizás la propia autoestima. Y si existen motivos obvios que producen celos…, evidentemente existe un problema de pareja. Pero, en ese caso, estaríamos hablando de algo más que celos: de infidelidad.

Los celos obsesivos

Los celos obsesivos o enfermizos son la peor clase de celos que se puede experimentar. Reflejan en quien los padece una profunda inseguridad en sí mismo, que le hace pensar que no es merecedor (o merecedora) del amor de su pareja. De ese sentimiento surge el miedo a perderle, y del miedo otras emociones que pueden descontrolarle y llevar a la posesividad más extrema.

Tanto quien siente como quien es objeto de los celos enfermizos, sufren y se sumergen en una relación en conflicto. Los celos hacen ver cosas que no son reales, imaginar situaciones que no han llegado a ocurrir y desconfiar de quien ni siquiera ha pensado en fallarnos. Los celos son prisión emocional para quien los siente, y hace prisionero y víctima a quien convive con una pareja celosa.

Si eres tan celosa en tus relaciones que sientes el impulso de espiarle todo el tiempo, asegurarte de dónde está y a quien ve, necesitas de sus mimos y atenciones todo el tiempo para no sospechar nada extraño (y aún y así sospechas) o te devoran tus celos si debéis separaros, piensa si de verdad tienes motivos y fíjate en tus actitudes y pensamientos hacia tu pareja. Actuar llevada por los celos es lo peor que una persona puede hacer. Reconocer los celos posesivos es un buen comienzo para plantearse si se necesita la ayuda profesional de un buen psicólogo o terapeuta.

Si sufres los celos de tu pareja sin motivo, no lo permitas, habla con ella, intenta que se corrija en el más breve tiempo posible, a ser posible con ayuda de un especialista en terapia de pareja o un psicólogo, o plantéate dejar la relación. Vivir con un celoso o celosa compulsivos es una dura prueba de la que no se es responsable ni culpable, y que no suele tener solución, sin ayuda especializada, condenando a ambos a años de acusaciones y sufrimientos innecesarios.

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